—Si no es incomodo...—dije yo, por decir no más, porque, ¿a qué santo me ib'hacer rogar, no hayan?...
Güeno, el caso fué que la mujer del finao me recibió tuita fruncida y si yo no le hablaba, ella no me hablaba y era pa contestar con «sis» y «nos», más secos que alón de ñandú.
Al otro día era pior. En varias ocasiones la ói a Marculina rezongando con el finao al propósito mío. Una güelta ói que dijo con mucha rabia:
—¿Te pensás qu'esto es fonda y que yo vi'astar cocinando pa los entrusos que vos tráis a los tientos pa entretenerte dispués de cena, chupando caña y mintiendo y gastando velas?...
Yo no dije nada, pero esa mesma tarde le dije a Estanislao que me marchaba. Pero él s'encaprichó en que no.
—¿Pande vas a dir?... tuavía no tenés colocación; quedate conmigo, me tenés compaña y me ayudás a estirar la línea de alambrao de la costa.
Entonces dije:
—Yo por vos me quedaría, pero veo que tu patrona no es gustosa.
—¡Ráite 'e la patrona!—dijo él;—¡vos sos mi mejor amigo, sos mi hermano, puede decirse, y no vas a dormir a campo mientras tu hermano tenga rancho!