—¡Qué desfachatada eres, Reina!

—¡Desfachatada! ¿Así es como agradeces el que haya hecho lo que tú misma me has pedido?

—Es que dices las cosas muy pan, pan...

—Así es mi modo: al pan, pan; y al vino, vino.

—Y después, se hubiera dicho que te gozabas en mortificar a papá.

—¡Oh, no! me dolería mucho contrariarle; su cara burlona me gusta y lo quiero con locura. Conque, así no cambiemos las cosas, Blanca; el que nos ha hecho rabiar es él, atacando el matrimonio, y tú no puedes quejarte de mi, por que al fin y al cabo sabes lo que querías saber.

—¡Eso es cierto! dijo Blanca con aire soñador.

Pronto, y a sus expensas, supo el señor de Pavol, que si las mujeres hechas no valen nada, menos valen aún las jóvenes, pues pisotean sin pestañear las ideas de sus padres y sus tíos.


X.