—Mi padre me ha dicho, Reina, que este matrimonio colmaría todas sus aspiraciones.
—Y a ti ¿te gusta?
—Esa unión me gusta, por cierto; reúne todas las conveniencias, pero hasta ahora, yo no amo a Pablo sino como a primo.
—¿Qué defecto le encuentras?
—No le encuentro ninguno, a no ser el de no gustarme lo bastante. Es un excelente joven, pero no es mi tipo. No es tan lindo como yo quisiera, y luego ese apetito normando que le caracteriza... ¡Preciso te será convenir conmigo que está desprovisto de poesía!
—Sin embargo, comer cuando se tiene ganas, me parece una cosa muy natural—respondí conteniendo mis lágrimas.
—En fin ¿qué quieres? Pienso que nuestros caracteres no se avienen.
—¿Entonces, lo desairas, Juno?
—He pedido un mes para contestar, Reinita. Me encuentro perpleja; pues temo causar una decepción a mi padre. Por otra parte, ese casamiento reúne bajo los otros puntos de vista todo lo que yo puedo desear; en fin es un cumplido caballero.
—Mas, supuesto que no le amas, Blanca...