Cuando vio sus ilusiones hechas humo, vino de visita con el comandante. Tendió la mano a Blanca, y le dijo con voz franca y natural:
—Prima, no deseo más que vuestra felicidad, y espero que seguiremos siendo siempre buenos amigos.
Pero este comportamiento de héroe de comedia, no le libraba de sentir hondo pesar. Sus visitas al Pavol, fuéronse haciendo cada día más raras, y le notaba muy cambiado, moral y físicamente.
Entonces volvía a llorar a escondidas, y me enojaba con él. ¡Le hubiera sido tan fácil quererme! ¡Era tan lógico y racional comprender que nuestras dos naturalezas armonizaban y que yo le quería con locura!
De veras, si los hombres fueran siempre lógicos, el mundo andaría mejor.
XVIII.
El quince de Enero el tiempo estuvo soberbio, aunque hizo un frío seco y pronunciado. El campo, cubierto de escarcha, tenía un aspecto encantado. Juno, extremadamente pálida, estaba tan linda con su traje blanco que no me cansaba de mirarla. Y la comparaba a aquella naturaleza fría y espléndida que ataviada con brillante blancura, parecía haberse puesto al unísono de su belleza.
Después de almorzar subió a su cuarto para cambiar de vestido. Bajó muy emocionada; nos abrazamos todos patéticamente y... camino de Italia.
—¡Qué lindo viaje! ¡qué lindo viaje!-pensaba yo.