¡Decir que se iba a saltar la tapa de los sesos! Para eso es necesario que la quiera prodigiosamente.
Bien sé que no lo hará, pero es muy posible que esté tan enamorado de ella, como yo de él, y veo que no le podré olvidar jamás. ¿No es una intrepidez enamorarse así de una mujer que no le convenía, mientras que cerca de él, una almita?...
—¿Qué haces ahí, Reina?—me interrogó mi tío, que había venido sin que yo le sintiese.
Me levanté rápidamente, avergonzada de no poder ocultar mi emoción.
—¡Cómo! ¿Lloramos?
—¡Qué tontos son los hombres, tío!
—Gran verdad, sobrina. ¿Y por eso lloras?
—Pablo dice que va a levantarse la tapa de los sesos,—proseguí llorando.
—¿Le crees capaz de semejante crimen?
—No,—contesté sonriendo, a despecho de mis lágrimas.—Tal atrocidad es incompatible con su carácter, pero ya la idea sólo prueba que...