—Me alegro. Pero no estoy bien despierta todavía y puede que mis ideas...

—¿Aun cuando se trate de casamiento?—prosiguió Blanca, que ya conocía mi opinión sobre tema tan serio.

—¿De casamiento? Ya estoy despierta—exclamé, incorporándome rápidamente.

—¿Deseas casarte, Reina?

—¡Si deseo casarme! ¡Vaya con la pregunta! Ya lo creo, y lo más pronto posible. Amo a los hombres, los quiero mucho más que a las mujeres, excepto cuando las mujeres son tan lindas como tú.

—No se debe decir que se ama a los hombres—dijo Blanca con tono severo.

—¿Por qué?

—No sé bien el por qué, pero te aseguro que el decirlo no es propio de una niña.

—¡Tanto peor!... Yo pienso así; respondí hundiéndome en mis frazadas.

—¡Qué niña!—exclamó Blanca, mirándome con una especie de piedad que me pareció chocante.—He venido a hablarte de papá, Reina.