¡Tan ciegos venían, que de no andar yo listo, cayeran sobre mí, y aun me regalaran con algún tajo!
Otros cuantos de su ralea íbanles a la zaga, y los muy descomulgados, en lugar de tenerles y recomendarles paz, azuzábanles como a perros, apostando por cada uno.
A la postre todo finó con que el uno, más diestro y más fiera que el otro, envióle dos palmos de hierro sin receta, con lo que le despachó del mundo sin que dijera ¡Dios, valedme!
Dió a correr, mas por pura casualidad, halláronse tres o cuatro corchetes (y fué la casualidad dicha que salían de otra taberna) y cerrando contra el matador le redujeron y le amarraron.
Llevábanle por la Puerta del Sol a la Cárcel de Corte, cuando al llegar esquina de la calle de las Carretas, el duque de Ciudad Real y el conde de Luna, que pasaban, reconocieron en el preso al cochero que les servía, y poniendo mano a las negras, quitáronle de las garras alguacilescas.
Ahora andan a ver de arreglar la osadía, que aun siendo quienes son, no pienso que salgan muy bien animados a hacer otra de la mesma marca.
Diz que para el jueves prepárase comedia en el Príncipe para mujeres solas, y tiene mandado el Rey que vayan todas sin guardainfante, porque quepan más.
Dícese que él acudirá con la Reina desde las celosías, y que tienen repletas más de dos docenas de ratoneras para desocuparlas en lo mejor de la fiesta por patio y cazuela.
¡Válgame Dios a S. M. por divertido, que tiene humor y tiempo para estas niñerías y no le ha para solucionar mi pleito, que, según ayer me dijo el secretario del Consejo, no más que de su real firma habrá tres mortales años que está dependiendo!
También la querella contra el de Villamediana parece que no va como él quisiera, y se está preparando en secreto la mejor forma de desterrarle nuevamente.