De hacia un ángulo del aposento oíase este coloquio, sostenido por dos hombres:

—Ello es cosa que por la parte del Conde no deja lugar a duda de ningún género. Y créame vuesamerced, que aunque en lo que atañe a la Reina no haya peligro alguno, si no aprovechamos esta ocasión para acabar con Tassis, jamás lo podremos conseguir. Ahora está muy metido en Palacio...

—Naturalmente, para el logro de sus bastardas pretensiones.

—Y bien quisto del Rey...

-Será por aquello que dicen que el marido es el postrero en enterarse.

—Y del mesmo Olivares, a quien otras veces asaetó con tanta saña como en el otro reinado hízolo con el duque Cardenal, con Uceda y Osuna.

—Pues, conforme en que hay que alimentar mucho esta especie.

-Llegado a oídos del Rey, aunque sólo sea por cortar la murmuración, no tardará en borrar del mundo de los vivos a don Juan de Tassis, conde de Villamediana, y Correo mayor destos reinos y los de Nápoles.

—Y Dios haga que ello sea pronto, que a fe que con él no hay vida tranquila.

—Ni honra segura.