He aquí pues, que desprendidos de las explícitas y secretas declaraciones de aquellos dos enemigos de Villamediana, pueden desprenderse los siguientes sucedidos, contados y llorados por la mencionada doña Francisca de Tabora.

Y a lo que parece, la ofendida dama no tenía en contarlo el paño de lágrimas y consuelo de su grande dolor y venganza de su agravio.

CAPITULO IV
EN QUE PROSIGUE EL ANTERIOR EN FORMA HISTORIAL Y COMO ES DE PRESUMIR QUE HAYA ACONTECIDO

En achaques del corazón ya es sabido, porque es como ley fatal de la vida, que no intervienen para nada rangos ni edades, y por ello úrdense y amañan los más extraños idilios y amancebamientos que es dado imaginar.

Y así parece que aconteció en este caso, la gentilísima hermosura de la hija de Enrique IV y la notable arrogancia e ingenio de don Juan de Tassis se han compenetrado, y a pesar de la distancia de clases. Amor, padre de la humanidad, los ha llamado a su reino.

Sin embargo, parece que la soberana, más prudente o más calculadora, dándose exacta cuenta de su importante papel en la comedia humana, no arriesga su honorabilidad, y sólo parece que compromete su corazón.

Pero don Juan no quiere aquel amor de otra manera que engarzado en todas las dulces consecuencias que suele traer tan atrevido infante, y cuando los celos del marido le acucian o el despecho le hiere, no muestra reparo alguno en ser imprudente y publicarlo mal rebozado en ingenio.

Muchos días ha que doña Isabel anda recelosa, temiendo que las osadías del Conde caigan, sino en el Rey (porque éste, muy bien entretenido fuera de palacio, permanece ciego, sordo y mudo a todo, y más que a nada a los asuntos de Estado) en la maledicencia palaciega, y haya muy graves sucesos que lamentar.

Si ella tuviese suficiente entereza para cortar aquel idilio...

Y hubo un día en que, al tornar de una fiesta religiosa, viniendo ella sola en el coche, don Juan, que servíala de caballerizo, estuvo tan imprudente, que desde luego pensó en poner término a situación tan difícil y comprometida.