—Es la primera y la única que ha salido de mi pluma; pero acaso ella sea la que me dé la inmortalidad.
Y una tarde, durante el ensayo, al tiempo de tomar la mano bella de doña Isabel para ayudarla a bajar de la carroza en que ha de presentarse, alguien ha oído decir a S. M., en tono de amoroso reproche:
-¡Que me lastimáis! Por Dios, tened juicio. Estas locuras vuestras han de darnos que sentir.
Y el tal dicho ha corrido por todo Aranjuez, pero en secreto. Las damas sonríen. Los caballeros tosen. La Tabora rompe abanicos y escribe billetes, que rasga sin enviarles a su destino. El Rey juega y corrige escenas de unas comedias suyas, que le están escribiendo Villaizán y Hurtado de Mendoza. El Conde Duque atúsase el boscaje que luce por bigotes, y se ríe.
Vélez de Guevara y el Diablo Cojuelo planean una comedia histórica, en que han de moverse todos estos personajes.
* * *
Llegó, al fin, la ansiada tarde de la comedia.
Toda la Corte y todo Aranjuez andaban perdidos de emoción, que para otra cosa no teníase vida, si no era para conllevar el júbilo.
Aun los negocios de Estado suspéndense hasta que pase la fiebre escénica, y no es cosa rara el ver a un amanuense corriendo tras un secretario, diciéndole:
—Mire, señor, que ponga la firma en esta minuta que ha de substanciarse mañana, y es asunto de muy grande urgencia.