cuando al aparecer la soberana sobre su carro triunfal comenzó a arder toda la escena, y no quedó cosa en pie.
La confusión fué grandísima, y nadie miraba a más que ponerse en salvo, sin cuidarse, grandes ni pequeños, de auxiliar a sus reyes.
Del Rey, no parece que se ocupara alguien; de la Reina... apenas iniciado el fuego viósela desaparecer en brazos del amoriado Conde, que acudió a ponerla en sitio seguro, tanto que no la hallaron hasta mucho después, cuando no faltaba quien temiese que hubiese perecido abrasada. Y puede que al receloso no dejárale de asistir razón.
* * *
Momentos antes de comenzar la fiesta, en un rincón apartado del jardín, Villamediana y un paje sostenían este diálogo:
—¿Olvidaste la lección?
—No, señor.
—Bien; ya sé que eres hombre para un caso delicado. Ni un momento antes ni otro después, en el preciso instante de aparecer S. M., prendes la tela. Ya sabes cómo pago y ya sabes cómo castigo.
Oyéronse hacia aquella parte risas y voces femeniles, y el breve diálogo quedó allí.
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