Y cuando la confusión era más grande, que nadie se veía ni se entendía, por los más espesos senderos del jardín corría un caballero con una dama en los brazos.
—El fuego de mi corazón, que no otro alguno, es quien incendió el teatro—decía el galán;—y como pavesa divina vos trajo a mí; dos veces reina: de mi vida y de mi patria.
—¡Ay, Conde! Que nos habemos perdido—decía ella.—Pobres de nosotros.
—Pobres, no; felices, porque nos amamos.
Cerca sonaron voces de
—¡Aquí está la Reina!
Y más chillonas que todas, las del bufón Miguelillo, que decía:
—¡La salvó Villamediana!
CAPITULO VI
DESPUÉS DE LA QUEMA
Desde el punto y hora en que la Corte tornara a Madrid, comenzó a correr por toda la villa el olor de la chamusquina de Aranjuez. Y más intensidad dijérase que había a raíz de acontecer la desdicha.