Consiguió levantarse y dió tras el criminal, pero todo fué inútil; las sombras de la noche, que ya había cerrado del todo, y dos embozados que resguardábanle, hicieron inútil este cuidado.
Entretanto la vida de Tassis quedaba hecha regueros de sangre.
Lleváronle al zaguán de su casa, que estaba casi frontera de donde vino a encontrar fin tan desdichado.
Del asesino nada se supo; por fórmula solamente abrióse una indagatoria, pero ya con el premeditado fin de no hallar al traidor...
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La historia íntima de aquel reinado conserva el nombre de un guarda mayor de la Casa de Campo.
De él decían malas lenguas (y puede que hubieran razón, que pocas veces nacen las hablillas sin algún fundamento), que era el brazo siniestro del Rey Don Felipe IV de Austria, porque vengábale los agravios secretos...
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Nadie sabe si fueron o no ciertas las causas a que se atribuyen la mala muerte del Conde en lo que atiende al enamoramiento con la reina Isabel, pero tanto empeño tuvo él en insinuarlo, que bien pudiera.
Creen los más que la venenosa pluma y el desaprensivo y franco decir, fueron quienes trajéronle a este término desastroso.