Rosa.

Pero...

Isidra.

¡No seas tonta!... Con hablar á Paco, no adquieres compromiso formal. Hablas con él, le oyes...

Rosa.

(Mirando hacia la puerta del fondo.) ¡Chist!... Juan José. (Entra Juan José por el fondo, donde se detiene.)

ESCENA VI

ROSA, ISIDRA y JUAN JOSÉ

Juan José.

(Desde la puerta. Con desaliento.) ¡Nada!... ¡Nada!... Parece que el hielo de la calle se les ha metido en el corazón á los hombres, según lo tienen de duro y de frío pa mí. (Avanza hacia Rosa, que le mira como interrogándole.) ¿Qué me miras?... Ya puedes suponértelo; no hay trabajo; no lo encuentro en ninguna parte, ¡en ninguna!... ¿De qué sirve tener buena voluntá y buenos brazos y saber su oficio?... ¿De qué?... ¡Ni que el trabajo fuese una limosna pa que á uno se lo nieguen!... ¡Pues qué, no hay más que condenar á un hombre á morirse de hambre ó á pedir por Dios!... ¿Hay en esto justicia?... Y si no la hay, ¿por qué sucede?... ¡Luego dicen que si los hombres matan y roban!... ¡Qué van á hacer!... (Se deja caer junto á la mesa en actitud desesperada y oculta la cabeza entre los puños.)