Rosa.
Y por que á tí te entren esas bascas y des en recelarte de mí y de cualquiera, ¿voy yo á sufrir tus prontos y á quedarme luego tranquila hasta que se te ocurra recelar otra vez?
Juan José.
No, Rosa, ¡te juro que no! ¡te lo juro!... Ya no dudo; te creo... ¡Díme lo que te dé la gana, y te creo! ¡Me hace tanta falta creer en tí!... (Con tristeza y amor.)
Rosa.
Si te hace falta, ¿por qué te empeñas en lo contrario? ¿Por qué en vez de oirme la emprendes á trastazos conmigo?... ¡Buen modo tienes tú de arreglar las cosas y de consolar á una!...
Juan José.
¡Es que me has tratáo de una forma, y me has dirigido unas expresiones tan duras!...
Rosa.
¿No eran verdad?... ¡Qué culpa me tengo de que la verdad no sea mejor!...