Juan José.
¡Me entiendo yo! (Con angustia.) ¿Conque todos son á acorralarle á uno?... (Con energía desesperada.) ¡Pues el animal, cuando se mira acorraláo, muerde!... ¡Yo también morderé!... Si la bestia tiene ese derecho, mejor debe tenerlo el hombre, porque vale más.
Rosa.
(Con temor.) ¿En qué piensas?... ¿Por qué arrugas el entrecejo? ¿Por qué te retuerces las manos?... ¿Qué te pasa?... ¿Qué quieres decir?
Juan José.
¡Que deben acabarse nuestras fatigas; que no quiero perderte y no te perderé! (Con decisión.)
Rosa.
(Con tono de duda.) ¿Acabarse nuestras fatigas?... ¿Cómo?
Juan José.
Aún no lo sé de cierto. Está aquí, aquí. (Golpeándose la frente.) Lo veo como se ve al anochecer, muy oscuro. ¡Pero esta noche tendrás todo lo que necesitas, te aseguro que lo tendrás!