Cano.

¡Y qué pequeña! No paéce na; pues es la libertá, porque es una lima.

Juan José.

¿Esto? (Con sorpresa.)

Cano.

¡Esto! Sabiéndola manejar, corta más que las grandes. Con esto se lima la caena... ya te diré cómo. Nadie lo nota; ni los que remachan el anillo; sales andando; buscas una ocasión, das un golpe en los hierros, salta la caena, y aprietas á correr. Llevas la contra de que un guardia te meta una bala en el cuerpo, y te tumbe patas arriba; pero de alguna muerte se tié que morir. Si no te matan, estás libre. ¿Quieres?

Juan José.

No es la muerte lo que me asusta...

Cano.

En tal caso...