Cano.
(Señalándole con el dedo un párrafo de la carta.) En este renglón. Míralo...
Juan José.
(Se abalanza á mirar la carta y el sitio de ella donde señala el Cano.) ¡Mirarlo!... (Con angustia.) ¡Cómo lo voy á mirar, si no entiendo esas rayas!... (Al Cano.) ¿Pero se ha ido con él?... ¿Lo dice ahí?... ¡Sí, lo dice! ¡Pa qué ibas á engañarme tú! ¡Está con él!... ¡Con él!... (Reponiéndose; con calma siniestra.) Sigue, Cano, sigue; léelo todo. Después de lo que me has leído, ¿qué cosa mala ha de venir?... Lee desde donde pone «vive con Paco.»
Cano.
(Leyendo.) «Vive con Paco, y vive, como te decía antes, en nuestra casa, en el principal; hecha una princesa. Por supuesto, que ni la Toñuela ni yo la saludamos. Aquí la tienes con su maestro de obras, mientras tú te pudres en presidio. Ya lo sabes todo.»
Juan José.
¡Todo, sí; todo!... ¡Qué más necesito saber! (Se deja caer sobre el poyo con abatimiento profundo.)
Cano.
(Leyendo sin que Juan José le oiga.) «Consérvate bueno, y con expresiones de la Toñuela, manda en lo que se ofrezca á tu amigo que lo es: Andrés Pérez.»