(Luego de pasarse la mano por la frente como si quisiera desechar un mal pensamiento.) Yo no soy malo, Andrés; no quiero serlo. Y ocasiones de serlo he tenido, muchas, que á quien lo dejan en la calle sin otro amparo que el de Dios, más cerca le ponen del presidio que de la iglesia. No, no quiero; no he querido ser mal hombre nunca; pero en tocante á Rosa, ¡que no la toquen! ¡que no me la quiten, porque seré peor que malo!... (Con desesperación.) ¡Si ella...!
Andrés.
(Interrumpiéndole.) Á eso voy. Si yo sospechase que me faltaba una mujer, ¿sabes tú lo que haría?
Juan José.
¿Qué?
Andrés.
Lo primero, enterarme si era verdad, que á veces, se le meten á uno los infundios en la sesera porque sí, y cree que un cañamón es una bola del puente de Segovia.
Juan José.
¿Y si era verdad?
Andrés.