Rosa.
(Con tono de gratitud.) ¡Por Dios!... ¿Cómo pagar á usté?...
Isidra.
Ya me pagarás, hija; ya me pagarás. Este mundo da muchas vueltas. (Al ver que Rosa hace ademán de levantarse á arreglar el quinqué, la detiene.) Yo misma lo avío. Caliéntate tú, que buena falta te hace. (Isidra se dirige hacia la cómoda, y sigue la conversación mientras arregla el quinqué y lo enciende. Rosa vuelve á sentarse.)
Rosa.
(Con desesperación.) ¡Qué vida, Santísima Virgen, qué vida!...
Isidra.
¡Pensar que todo esto lo ha traído el pícaro genio de tu hombre!...
Toñuela.
Eso no es verdad.