Toñuela.
No sé leer.
Isidra.
Nadie lo diría; que eres pintiparáa á un presonaje de los que salen en esos libros. Bueno que una persona se acalore cuando hay fundamento. Aquella noche no lo había.
Rosa.
Eso digo yo. Paco me invitó á buen hacer. Si á Juan José no se le hubiera subido la sangre á la cabeza, nos habríamos evitáo el disgusto y las resultas, que no son flojas.
Isidra.
Juan José lo echó todo á barato...
Rosa.
¿Y qué ha sucedido? Que á la mañana siguiente le dieron la cuenta y le despidieron de la obra; que durante ocho días hemos ido tirando con lo que había en casa, y que, á la presente, se consumió todo. La lana del colchón á puñáos hemos ido vendiéndola; mis dos pares de enaguas, las sábanas, la colcha y media docena de camisas que teníamos entre los dos, están en la casa de préstamos; su capa no la he lleváo, porque no la toman; de manta nos sirve. Anteayer empeñé mi mantón en diez reales; con ellos hemos pasáo hasta hoy, y hoy náa, un cacho de pan rociáo con aguardiente, y á esperar el maná, porque lo que traiga Juan José, en la frente dejo que me lo claven.