—No lo sé; dijo, i parecia que sus labios exalaban una queja mas bien que una palabra.

XXVI

Fácil es comprender la ansiosa impaciencia con que Arturo esperaba el 30 de julio. Verse ese dia en los brazos de Berta; reclinar sobre su pecho la frente de esa mujer; ser el primero i el último que estamparia en sus vírjenes labios el ósculo ardiente de su amor; confundir el calor de sus manos entrelazadas, de sus miradas confundidas i de sus dos corazones convertidos en uno, ¡era la mas risueña esperanza colmando la felicidad!

Ayudaba personalmente a los tapiceros a arreglar la alcoba nupcial. Cada dia le agregaba un nuevo adorno. Mármoles, espejos, tapices de brocado i terciopelo, cortinas de seda, adornos bronceados, brillaban por todas partes, i en el centro un tálamo de nogal dorado, cubierto como por una nube encarnada de rojas colgaduras. ¡Cuánto sonreian sus ojos i palpitaba su corazon al contemplarlo! ¡Cuántas imájenes doradas cruzaban acariciando su imajinacion enardecida con el calor de la esperanza! Si la felicidad que se realiza es mas dulce, la felicidad que se espera es mas seductora. La primera, tiene la sombra de la realidad; la segunda, la sonrosada luz de la imajinacion.

XXVII.

En la tarde del 20 de julio de ese mismo año, estaban todos los de la casa reunidos en el salon principal. Berta tarareando en el piano una de aquellas saladas habaneras que tienen todo el sabor nacional i refunden en sí tan admirablemente, la alegria mas risueña i el mas quejumbroso sentimiento. Arturo hojeaba con cierto embelezo el papel de música estendido en el atril del piano; Manfredo i Raquel conversaban al parecer apasiblemente en un sofá inmediato.

Si el pasado se reproduce por el recuerdo, el porvenir se anticipa a veces con la imajinacion i el deseo hasta rozarse con el presente, especialmente en la vida de las ideas i del sentimiento. I así como dos viejos esposos hacen renacer sus tiempos, como los llaman, encarnándolos en sus recuerdos, avanzan los novios hácia la felicidad que vá a llegar, la miran con los ojos del alma i se anticipan a gozar de la delicia de sus intimidades. Ven el sol al través de la aurora. Se miran entre sí como los esposos del dia siguiente.

Arturo veia ya en Berta no solo la prometida de su corazon, sino la compañera vinculada a su existencia. La acariciaba con su mirada mientras ella exalaba en el canto de una habanera los ecos dulcísimos de su voz que resonaban como una lluvia de cuentas que cayeran sobre el cristal.

Así adormecia esa mujer con el hechizo de su belleza i encantaba con la majia de sus gracias i de su voz, esas horas tan dulces para Arturo que las veia deslizarse como la corriente cuyo curso se encamina sobre flores a la felicidad. Pero, ¿quién ha interpelado el lecho del reposo? ¿quién ha sorprendido en el silencio de la velada la lágrima furtiva? ¿quién ha visto la ilusoria quimera, el fantasma de la realidad, la vision de la congoja cruzando en tropel por la soledad de aquella vijilia alumbrada con el resplandor de la fantasia..?

¡Mientras se derrama a torrentes la luz de la apariencia engañosa en torno de una vida, se encuentra el alma humana en un completo eclipse! ¡Mientras el rostro de Berta resplandecia a veces como la mañana de un bello dia, las profundidades de su corazon encerraban una noche perdurable....! ¡Suele ser la sonrisa la máscara del dolor!