Una vez recobrada de ese modo la estabilidad de la familia, Arturo i Berta partirian para España seis meses despues de su matrimonio, llevando consigo a Alberto para que se educase en los mejores colejios de Madrid.

La gratitud que es el mas noble de los sentimientos inspiraba o hacia, en cierto modo, las veces de la fatalidad del amor en el corazon de Berta. I comenzó a vacilar su sentimiento como la péndola de un reloj, entre el pasado i el presente, entre la esperanza que se realiza i el recuerdo que se aleja, entre el ideal que se vá i la ventura que llega.

¡Habia sin embargo en el interior de su existencia íntima un vacio que no se reemplaza, la vaguedad de un deseo que no se robustece pero que no se olvida, una sombra que no oscurece i una luz que no alumbra i cuya espresion podria decirse que era una sonrisa amarga o una lágrima risueña...! ¡Triste alegria!

El corazon se presenta a veces velado ante la conciencia. I si ésta interpelase sus latidos, no sabria darle cuenta de ellos, como el ojo del ciego que está abierto pero que no tiene mirada. ¡Pobre corazon si se descorre el velo..! ¡Pobre ciego si llega a ver..!

Pero sea de eso lo que fuere. Era ya el 23 de julio i el sol del 30 de ese mismo mes debia alumbrar la alianza nupcial de Arturo. ¡Ojalá que ese sol lleno de felicidad no se pusiera jamás!

Ese mismo dia recibió Manfredo la siguiente carta de Gabriel:

"Mi respetado i querido señor:

Sin embargo de que ignoro si mi noticiosa carta anterior llegó a su poder, tengo el gusto de saludar a Ud. i besar su mano con mis recuerdos, lo mismo la de su esposa i de su hija.

La delacion soplada al oido de las autoridades ha conjurado, señor, la rebelion. Ha sido sorprendida en alta noche la casa de uno de los complotados (don Jorje Lopez) que era el teatro principal de las conspiraciones.—De ese modo se ha cortado de un golpe el nudo de las maquinaciones. Por todas partes se levanta un cadalso i se dicta una sentencia de muerte. Las puertas de los presidios tragan reos a centenares. Infinidad de personas distinguidas han sido pasadas por las armas, las mas veces por meras sospechas de conspiracion, como los señores José de la Cruz Caballero, Domingo Delmonte i Felix Manuel Tanco; lo mismo que los cabecillas Pimienta i Dogde. Dicen que Plácido ha fugado.