Estorbad que humillada la inocencia
¡Bata sus palmas la calumnia impia!
Mas si cuadra a tu suma omnipotencia
Que yo perezca cual malvado impio,
I que los hombres mi cadáver frio
Ultrajen con maligna complacencia,
¡Suene tu voz, i acabe mi existencia......!
¡Cúmplase en mí tu voluntad, Dios mio!
Dieron las tres de la mañana del dia viernes, 27 de julio. Las negras alas de la tempestad comenzaban a ajitarse ruidosas en el firmamento. El eco repetido del trueno bramaba en el espacio i parecia conmover la naturaleza. El resplandor de uno que otro relámpago iluminaba la inmensidad. ¡Parecia enlutarse el universo ante un espectáculo horrible!