—¡Ah! ¿i tu no comprendias que tu dolor era el mio?

—¿I a qué, señora, tener a nadie a espensas de mi dolor?

—Gabriel ... dijo ella entonces—¡Ah! Gabriel.... ¿no comprendiste jamás que mi corazon te pertenecia?....

El pobre mulato recibió como un rayo esta revelacion i quedó helado. Bajó la frente i calló....

Berta interrumpió el silencio aproximándose a Gabriel como quien se aferra a una esperanza que huye i diciéndole—Pero Gabriel, en tu última carta nos decias que te venias pronto, aunque mui de paso.

—I así es la verdad, señorita; ¡vine pronto, i de paso a la eternidad!....

Berta enjugaba sus lágrimas con sus dedos de marfil sonrosado, i Raquel reclinó la frente sobre el hombro de Gabriel, con el pecho inchado de sollozos i diciéndole a pausas: ¡Sabe Gabriel... que debo ser para tí... el ser mas caro de la vida!....

—I así es, señora. ¿Cómo olvidaré que Ud. me hizo reconsiliarme con la felicidad cuando la felicidad me dió las espaldas, que cuando el hogar me cerró sus puertas, Ud. me abrió el suyo; que cuando me arrojó la ola del destino a merced de la miseria, me refujié en su piadoso cariño?

—¡Cumplí solo con mi deber!