Cuando llegó a éste la noticia feliz, en el delirio de su frenesí, iba a estampar un beso de alianza i de amor sobre la frente de ese ánjel que yacia exánime i moribunda en sus brazos. La llamó por su nombre: fué en vano. La meció para que volviera en sí: todo fué inútil. ¿Ha muerto?..... ¿A qué besar entonces un cadáver?... ¿Ha perdido la vida cuando Plácido la recobraba?

—¡Oh! si mi aliento pudiera ser el hálito de su vida! ¡Si mis brazos pudieran ser las cadenas que retuvieran su existencia! ¡Si pudiera morir por que ella viva! se decia alzando los ojos anegados en llanto. ¡Volvia a estrecharla mas fuertemente en sus brazos convulsos para palpar esa realidad que confundia en sí la mas dulce de las dichas i el mas amargo de los martirios! Rendirse la esperanza de toda la vida doblegada sobre su corazon i.... ¡morir en sus brazos! Creia a ratos que ella no era sino una forma de sus delirios, o una vision pasajera de su mente febril. Su silencio lo abrumaba de dolor. Pero temia tambien su primera palabra creyendo que con ella fuese a desvanecerse corno un fantasma de felicidad, i la oprimia callado sobre su seno palpitante.

¿Ha huido su alma como la esencia de la flor?... ¿Como la esencia de la flor se ha disipado talvez?.. No. Una sonrisa divina iluminó su semblante; sus azules ojos parecian reflejar los resplandores del cielo; exaló un largo suspiro, precursor talvez de un juramento de amor, i de un amor feliz....

Pero a veces cae el hombre desde las puertas entreabiertas de un paraiso de risueña felicidad, hasta un infierno de infortunio que se abre devorador a sus piés. Entonces no hai en el alma sino veneno; no profieren los labios sino blasfemias.... I si un rayo de la tempestad dejó en suspenso sobre los labios de Atala el primer ósculo de amor, el grito de una revelacion terrible lo alejó para siempre de los labios de Berta; pues Raquel, trémula, tambaleando, estremecida de horror como quien vá a salvar de las garras a una víctima, se precipitó sobre ellos, diciéndoles:

—¡Es siempre este amor, un amor imposible!...., estrechando entre sus manos la frente de Gabriel, i cubriéndola de besos empapados de lágrimas.

—¡Imposible!.. esclamó éste con sarcástica sonrisa. ¡Imposible!.... repitió con las pupilas que parecian saltar de sus órbitas. I dirijiéndose a Raquel: ¿Por qué imposible?.. ¡Cinco años de presidio! ¡cinco años tienen alas cuando los alimenta la felicidad! ¡cinco años pasan volando!—I volviendo el rostro a Berta:—¡Misteriosa adorada de mi alma! ¡maga querida de mis castos amores i de mis íntimos silencios! ¿no es verdad que mi prision será un paraiso si encierra la esperanza?.... ¿no es cierto que hade aparecer por entre sus rejas la aurora de mis dichas?.... ¿que tu amor ha de dorar las cadenas del prisionero? ¡Oh! mi Berta, ¡si las rejas de mis prisiones hicieran las veces de la ventana de tu cuarto! ¿La recuerdas?....

—¡Sí, Gabriel, allí cautivaste mi alma!

—I bien, en otras mañanas mas felices al través de esas rejas pasarán tus suspiros i mis versos, mis palabras i tus miradas, i en vez de las flores del café, ¡las flores del corazon!

Berta como volviendo de un sueño profundo le contestó:—Pero.... Gabriel.. mi padre nos separa.. Nuestra dicha....

Plácido entonces, interrumpiéndola encendido de pasion, balbuceó a su oido estos versos de fuego: