Calló i permaneció un momento con la frente inclinada....

Raquel contemplaba atónita ese cuadro tan triste i tan recargado de sombras: como una nube en el cielo, cruzó otra sombra por sobre su frente. Una gruesa i silenciosa lágrima surcó su mejilla, talvez, despues de otras lágrimas que en el curso de esa escena palpitante de dolor, de sinceridad i de ternura pasaron desapercibidas....

Quedó tan conmovido Gabriel, que parecian paralizárseles todos los resortes del alma, al contemplar la lágrima de esa mujer que cayó a su vista como un rayo sin tempestad. Aproximóse a ella con la mirada apasionada i chispeante i la dijo:

—¡Oh! señora, usted es la mujer mas buena que he conocido en el mundo. ¡Mis desgracias han hecho eco en su corazon, mis lágrimas han arrancado otras lágrimas de sus ojos! ¡Si yo pensaba antes de ahora en ser su camarero, de hoi mas, seré su esclavo, pero un esclavo voluntario!

Raquel fijó en el jóven mulato una mirada tristísima, balbuceó una palabra que, por el ademan, se inferia que era una palabra de agradecimiento, i profundamente impresionada bajó los ojos.

Gabriel a su turno la miró en silencio.

Manfredo fijó entonces en Raquel otra mirada penetrante i acudiendo a su lado la dijo con ternura:

—¿Qué tienes, esposa mia? ¿Por qué lloras?

—Nada, nada; contestó Raquel, con los ojos llorosos i el semblante risueño. ¡Es tan triste la historia del infortunado Gabriel, es tan simpática la desgracia i él sabe contar la suya con tanto sentimiento!