Gabriel sonrió en silencio.
—Vamos Gabriel a ver si ha llegado mi papá, dijo la hermosa niña, i regresaron ambos a la casa llenos de animacion i jovialidad.
XII
En efecto, Manfredo recien llegado i conversaba con su esposa en presencia de Carolina, que estaba mui contenta por que acababa de recibir de Raquel un regalo, para ella valioso, en retribucion de sus buenos oficios.
Berta i Gabriel entraron en ese momento.
—Salud papá; ¿Como le ha ido hoi en sus negocios?
—Menos bien de lo que yo creia hija mia.
—Gabriel ha quedado maravillado al pasear el huerto, agregó la niña.
—Me alegro infinito, porque buenas horas tendrá que pasear en él, contestóle el padre.