—Gabriel aproximándose a Manfredo con aire respetuoso i el sombrero en la mano, le dijo:

—Señor, yo no podré venir a establecerme en su casa, antes de dos o tres dias, por que necesito entretanto, hacer ciertos arreglos.

—Pero Gabriel, repuso Raquel, si no es mas que para traer las cosas de tu pe tenencia, Carolina puede encargarse de ello.

—Gracias, señora, tengo otros quehaceres en los que nadie podria reemplazarme.

—¿Pero cuáles son Gabriel? insistió Raquel.

—Señora... iba a proferir el jóven mulato, pero Manfredo le interrumpió diciendo:

—Raquel, no seas exijente. I volviendo el rostro a Gabriel, agregó:

—Bien está, quedas licenciado por ese tiempo.

—Pero que la ausencia no se prolongue, Gabriel, esclamó Raquel.