—Naturalmente, dijo Berta; si te demoras Gabriel te recibiremos mui ágriamente, i te prohibiré pasear en el huerto.
—Ya me seria penoso prolongar mi ausencia de ustedes, dijo Gabriel, i se despidió cortesmente de todos los de la familia i partió en compaña de Carolina.
XIII
Durante los pocos dias de la ausencia de Gabriel, se le destinó un pequeño aposento, inmediato a la entrada de la casa. Una estera de paja, un catre, dos sillas, un labatorio i una mesa, todo de madera blanca, constituian lo principal de su ajuar.
Raquel, despues de revisar esa habitacion compró personalmente otros útiles accesorios, que cuando los vió Manfredo, los encontró demasiado lujosos para el aposento de un ayuda de cámara. Ella se opuso a las objeciones de su esposo. Este insistió en ellas, i se trabó, con tal motivo, una de tantas contrariedades domésticas, que pasan aun por el cielo mas puro de un hogar, como nubarrones de verano.
Pasaron pocos dias en efecto i Gabriel regresó a la casa i fué nuevamente recibido con igual estimacion, pero con mas confianza que antes. Tan luego como Berta i Alberto sintieron sus pasos salieron al corredor, a su encuentro. Preguntáronle cómo le habia ido en esos dias i le dirijieron palabras joviales.
Berta le contó en seguida que ya estaba preparado su cuarto.
—¿Vamos a ver Gabriel el pequeño nido que te hemos preparado?
—¿Donde está señorita?