Con el ceño algo adusto i un aire un tanto contrariado por mi impertinente tenacidad me dijo:
—¡Todo, menos la falta de cordura, es tolerable en una persona que tiene sentido comun!
Subia de punto mi exaltacion i en tono casi enfático, le dije:
—Yo quiero, i necesito saber, señor cura, si Ud. vengará esa ofensa por mí.
—¿Venganza Gabriel? ¡Que mal viene esa palabra en los labios de un hombre cristiano como tú!
La venganza es la rastrera satisfaccion de las almas pequeñas: el Mártir Divino, ese tipo de humildad, nos enseña a presentar una mejilla a quien nos ha herido en la otra.
—Bien, señor cura, aparte de que yo no soi capaz de presentar ninguna, por que ni soi mártir, ni soi divino, no comprendo cómo una persona brinde estimacion a otra i se niegue a desagraviar su honra. Por no desagradar a Ud. no quise hacerme justicia por mi mismo: i harto me pesa.
Esa fué, señor don Manfredo, mi última contestacion. I con una fria vénia me despedí del cura que silencioso i azorado me seguia con la vista. Salí de su casa i jamás volví a ella.
Entonces me ví nuevamente, señor, a merced del primer viento que soplara i arrojado por la ola de mi destino. Pasé mucho tiempo errante, sin asilo fijo, huyendo de los hombres porque perdí la fé en ellos, i deseando huir de mí mismo por que perdí la tranquilidad i la alegria de mi corazon. La mayor parte del dia la pasaba en el taller, en el que ganaba apenas lo necesario para mi subsistencia, i las noches jeneralmente en casa de un artesano, compañero mio que es el esposo de Carolina. Esa ha sido, señor, mi vida por largo tiempo, hasta el dia en que Carolina, en fuerza de su cariño por mí de haber compartido de mis sufrimientos i oido lamentarme amargamente de verme tan solo i tan abandonado en el mundo, tuvo la feliz idea de ofrecer mis servicios en casa de Ud. Probablemente la mano de Dios condujo los pasos de esa mujer aquí que es el hogar de la felicidad, por que se respira en él la virtud, el amor i la caridad, que son la felicidad del hogar; yo nunca dejaré de bendecir, señor, la hora i el dia en que la suerte me trajo a participar de ella.