—Me pidió Ud. señor, que le refiriese mi historia: he ahí mi historia. Talvez lo he cansado con ella entrando en detalles que solo para mí pueden tener interés....
—Mui lejos de eso Gabriel; te he oido con un agrado paternal; pues apesar de que recien comienzas la senda de la vida, has dejado ya algunas fibras del corazon en las zarzas de tu camino.
—Así es señor.
—I como yo, Gabriel, soi un hombre que ha sufrido mucho, comprendo i compadezco a los que sufren por que los dolores humanos tienen eco en el corazon que los ha esperimentado; por que la desgracia para quien sabe apreciarla tiene un atractivo mas poderoso que la felicidad i porque yo querria siempre consolar, llorando si es posible, a los que lloran.
Gabriel, como cansado de sufrir i de recordar sus sufrimientos, inclinó la cabeza i calló.
XV
Profunda fué la impresion con que Raquel escuchó esa larga conversacion entre Manfredo i Gabriel. I tan profunda que cuando aquél volvió el rostro a su esposa la encontró pálida con la cabeza melancólicamente reclinada en el espaldar del sillon en que estaba sentada, i la mirada cargada de dolor.
Manfredo al verla así, se levantó de su asiento, se aproximó a ella i poniéndole tiernamente la mano en la mejilla, la dijo:
—¿Qué tienes, mi Raquel? de algun tiempo a esta parte te veo dominada constantemente por una tristeza indefinible; yo no sé como ni por qué sepultas tus sufrimientos en el fondo de tu alma, sin hacer partícipe de ellos al compañero de tu existencia. ¿Me he hecho, por ventura, indigno de tu confianza?
—Mui lejos de eso, Manfredo: lo que tú supones en mí el efecto de un sufrimiento íntimo, no es sino a veces un malestar físico.