—Habla, hijo mio, seguro de alcanzar lo que me pidas, contestó Manfredo, profundamente conmovido.
—Quiero, señor, que me prometa usted que no irá mas a esa casa de juego.
—¡Jamás!
—¡Ojalá, señor, Dios lo quiera!
—Gabriel, dijo Manfredo, es imposible ser indiferente a tu nobilísimo corazon, poniéndose de pié i estrechando entre sus brazos al jóven mulato. I agregó en seguida: te prometo que jamás mi planta pisará los umbrales de esa casa...
Crujió a la sazon la hoja de la puerta; oyóse un lijero ruido, semejante al del roce de un vestido de seda. Manfredo al oirlo se acercó a Gabriel i le dijo al oido:
—Si mi esposa o mi hija te preguntan algo de nuestra conversacion o del contenido de la carta, dilas que he recibido un billete que me anuncia el quebranto casi completo de mi fortuna, a consecuencia de un funesto negocio.
Aproximóse en seguida a paso largo i cauteloso hácia la puerta, la abrió de improviso i sorprendió a su esposa i su hija que con el oido puesto en el ojo de la llave atisvaban con anciedad.... Raquel i Berta se sobrecojieron; Manfredo dió un paso atrás, i, despues de un instante de vacilacion, rogó a su esposa que lo dejara solo.