Raquel se dirijió a su alcoba en compañia de su hija i se reclinó sobre un divan esclamando:
—Yo disimulé mi dolor a Manfredo, por otra pérdida semejante i eso le ha autorizado a rifar la fortuna de su familia. ¡Ah! ¡los hombres son mui crueles!
Berta iba a inclinarse para abrazar a su madre i consolarla en su afliccion, pero en ese momento se oyó bullicio, ruido de pasos, voces en el aposento de Manfredo....
—Mamá, repuso Berta, no es la hora de las recriminaciones que hieren, sino del lamento i del dolor comun....
El ruido aumentó....
Berta estremecida de temor, sintió en su corazon el golpe de un presentimiento infeliz e incorporándose al lado de su madre esclamó turvada:
—Mamá, mi padre está entregado a la soledad; algo sucede con él; voi a verle.
—Vé hija mia; cumple con tus deberes de hija. Si yo no voi contigo es porque tiemblo me diga que no ha sido una pérdida parcial de nuestra fortuna, sino una bancarrota completa. Vé, i disimulándole tu dolor, consuela el suyo.
Berta salió de carrera. Al aproximarse al cuarto de su padre oyó en él un sollozo: apresuró sus pasos, i al pisar sus umbrales descubrió a su padre con el rostro lívido, el cabello lijeramente desgreñado, embozado en una larga capa i encorvado delante de su lecho, en una actitud estraña i siniestra.
Berta se detuvo en la puerta, como petrificada de espanto: algo terrible presentia su corazon: quiso dar un grito, i la voz se le ahogó en la garganta, se esforzó para dar un paso, i le fué imposible. A paso lento i con mirada escudriñadora se aproximó por fin a su padre, sin que él se apercibiera de ello, sino cuando sintió sobre su espalda el brazo de su hija. Todo fué verla i abrir los brazos para estrecharla sobre su pecho. Ella a su vez cayó a los piés de su padre pálida i desfallecida. Iba a estrechar besando las manos que le dieron el ser, iba a humedecerlas con sus lágrimas, cuando una carta enlutada cayó a su lado: inclinóse de improviso para recojerla. Manfredo entonces en el primer impulso quiso impedírselo, pero sintió latir en sus entrañas su amor de padre, i dando un paso atrás i comprimiendo la cabeza entre las manos esclamó: