El médico quedó taciturno i callado. Las miradas de todos le devoraban como queriendo arrebatarle el pensamiento. ¡Oh! ¡que silenciosa anciedad!

¡Pobre familia! ¡Verla contar las largas horas de la noche suministrando las prescripciones del médico, sin esperanza, ¡i con fundados temores por la vida del pobre Alberto!

Manfredo se paseaba desazonado; Berta lloraba como un niño, Raquel se desesperaba como una loca. El aturdimiento era la espresion del dolor.

Gabriel como el ánjel bienhechor de la esperanza prodigaba sus consuelos a la familia i sus cuidados al enfermo. Solícito como un hermano, sereno como un hombre maduro, sufrido como la madre que vé vacio el lecho de su hijo que acaba de morir, Gabriel lo hacia todo, lo preveía todo, no sin enjugar, de vez en cuando, una lágrima furtiva. Con el rostro melancólico i lijeramente adormecido por el insomnio, con los brazos cruzados sobre el pecho, mudo, de pié e inmóvil, a la cabecera del enfermo parecia a ratos, ese jóven mulato, la estátua del dolor.

Iba a clarear una risueña mañana de verano: la fiebre declinaba notablemente en el paciente. La luz del sol invadia sonriendo esa alcoba, i la confianza en la salud del pobre niño, luz de la felicidad, invadia tambien el ánimo de la familia. Pocas horas mas i su mejoria era rápida; despues su vida estaba fuera de peligro.

Era ya imposible que un hombre estraño por su sangre, su color i su raza a una familia se encarnase mas, sin embargo, en su vida íntima i doméstica, que Gabriel en la familia de Manfredo. La simpatia que es la precursora del cariño, el cariño recíproco, la gratitud que se reanuda en los momento de infortunio, la comunidad del sufrimiento, las lágrimas del mulato i de sus señores que corrian mezcladas en su mismo arrollo, todo, todo vinculó los corazones de aquél i de éstos.

Poco despues Alberto jugueteaba en la enramada del huerto, asido de la mano de Gabriel.

Las canas nevaron por completo las sienes de Manfredo; Berta dió un antiguo adios a la adolescencia, i Gabriel un antiguo saludo a la juventud. Espiraba el año de 1843.

XVIII