Un momento despues veíase el bien-venido rodeado por todos los de la casa i abrazado por cada uno de ellos en medio del bullicioso alborozo del cariño.

El recien llegado era Arturo de Bilbao.

Berta desde el primer momento quedó vislumbrada con la belleza del primo, i las miradas de ambos se encontraban a momentos.

Arturo a su vez por su mirada i su esprecion se mostraba maravillado de la hermosura de Berta. En fin, la vió i la amó.

El simpático huésped fué conducido al salon. Todas las miradas se fijaban en él.

—No te esperábamos aun Arturo, prorrumpió Manfredo.

—Es estraño, querido tio, cuando cuidé de anunciarme a Uds. con anticipacion.

—No tanta, porque tu carta hace recien tres dias a que la recibimos.

Vieron la carta i resultó haber llegado atrasada.

—Ya comprendo; ocupado con mis preparativos de viaje yo la encomendé a un amigo mio, i probablemente se tardó en despacharla.