Berta hojeaba, con la mano trémula de emocion, las pájinas de ese libro platónico, sobre las que hai un soplo constante de armonia, de ternura i de amor; esa leyenda romántica que podria llamarse el libro de los jóvenes i de las niñas, impresionaba de tal manera a Berta que parecia cortarle a ratos la respiracion, encender sus descoloridas mejillas i abrillantar sus lánguidos ojos, cuya mirada besaba de entusiasmo el libro que tenia abierto, delante de sí i entre sus blancas i pequeñas manos.
Cuando llegó a un párrafo en que decia lo siguiente, la voz de Berta se puso trémula i la palidez de su castísimo rostro tornóse en rosa encendida:
"Algunas veces Julia lloraba de repente con una estraña tristeza. Estas lágrimas provenian de verme condenado por aquella muerte, siempre oculta i constantemente presente a nuestros ojos, a no tener delante de los mios mas que ese fantasma de felicidad que se evaporaría en el momento que quisiese estrecharlo contra mi corazon. Oraba, se acusaba de haberme inspirado una pasion que jamás podria hacerme feliz.—¡Oh! Yo quisiera morir, morir pronto, morir jóven i amada, me decia Julia.—Sí, morir; puesto que no puedo ser a la vez mas que el objeto o la ilusion amarga del amor i de la felicidad para contigo. ¡Tu delirio i tu suplicio reunidos! ¡Esta es la mas divina de las felicidades i el mas cruel de los castigos, confundidos en un mismo delirio! ¡Ojalá que el amor me mate i que tú me sobrevivas para amar segun tu naturaleza i segun tu corazon! ¡Yo seria menos desgraciada muriendo, de lo que soi, conociendo que vivo a espensas de tu dolor!...."
Con estas últimas palabras cayó el libro de Lamartine sobre las faldas de Berta, inclinó ésta la cabeza i una lágrima tierna tembló en los párpados de sus ojos i se deslizó surcando sus mejillas hasta caer sobre esa pájina apasionada i palpitante.
—¡Oh! ¡madre mia! esclamó en seguida: la muerte o la desesperacion son los únicos caminos de un amor imposible, i sobre todo, cuando se anida en el ardiente corazon de un jóven i lo que es mas, ¡de un jóven poeta! ¡Si Rafael no hubiera sido poeta no habria amado tanto! Si su amor por Julia no hubiera sido un amor imposible, habria sido un amor triste pero no desesperante.
—En efecto, si la realizacion de ese amor no hubiera sido imposible, no habria sido tan grande, hija mia, repuso la madre, sonriendo con esa frialdad de los años, al ver con aire de sincera estrañeza las juveniles impresiones de su hija.
—De todos modos, si yo no quisiera ser Julia, menos querria ser Rafael, porque a juzgar por lo poco que he leido en mi vida, las pasiones de los hombres son mas vehementes i menos pasajeras que las pasiones de las mujeres i porque ante todo, el poeta parece un ser condenado al sufrimiento i predestinado a la desgracia. I como dice, mamá, aquel autor español que leíamos una tarde en el cenador del jardin:
«El poeta en su mision
Sobre la tierra que habita
Es una planta maldita