Todo esto proferia Berta en palabras entrecortadas por la emocion o interrumpidas con la lectura de cualquiera de esas estrofas, o con la risueña contemplacion de cualquiera de esas flores. ¡Qué de poesia encontraba en las unas, qué de misterio halagador en las otras! Leia, releia i volvia a leer esos inspirados acentos. Aproximóse mas de una vez a la ventana de su cuarto para contemplar al ténue rayo de la mañana, esa hoja de papel, que iba a ser talvez la primera pájina de la historia de su corazon. Guardó esas prendas en una cajita de ébano, pero las sacó nuevamente, como si sintiera al apartarlas de sus ojos un pesar tan delicado como su alma. Las guardó otra vez, i al volver el rostro descubrió con sorpresa a Gabriel que, con los ojos que le blanqueaban nadando en una sonrisa íntima, la seguia con la vista atentamente. El mulato serenó de improviso su semblante i la dijo:
—Señorita Berta, los esclavos sirvieron ya el té.
—Voi Gabriel; ¿i Arturo se levantó ya?
—Está, hace rato, sentado en un sofá del corredor.
—¡Madruga mucho! dijo Berta con picarezca sonrisa, i salió de su habitacion. Apenas Arturo la divisó se aproximó a ella con cortesía i la saludó con afabilidad. Desde el momento en que se estrecharon la mano Arturo trató a la vez de disimular el sentimiento que alboreaba en su corazon i de leer el de Berta. ¿Le seré indiferente? ¿será capaz de comprender el sentimiento que sabe inspirar? ¿seré feliz o desgraciado? he ahí las ideas que torturaban su imajinacion.
—¿Cómo ha pasado Ud. la noche? la dijo. ¿I Ud. Arturo? repuso Berta a esa pregunta.
—¿Yo Berta?....se limitó a decir sacudiendo lijera i melancólicamente la cabeza, i esforzándose en sumerjir su mirada desde los ojos hasta el alma de Berta como el rayo de luz que invade por las grietas un templo oscuro. Pero los ojos de esa mujer no decian nada, nada dejaban ver esos pórticos bellos del templo de su corazon. Arrebataba entretanto los pensamientos de Arturo, porque la mujer arrebata siempre los pensamientos de un hombre, cuando esos pensamientos le pertenecen.
Ambos hacian unos tras otros proyectos para pasarla con entretenimiento. La música, la lectura, los paseos nocturnos por los bellísimos alrededores de Matanzas, hacian parte principal de sus proyectos. Arturo mas reanimado alcanzó a Berta algunas flores diciéndola:
—¿Las reconoce Ud.?
—Sí Arturo; son las que dejé a Ud. anoche a la cabecera de su cama. ¿I tan fácil le es a Ud. deshacerse de ellas?