—Nó, dijo Arturo, estendiendo ruborizado la mano para recobrarlas. Pero Berta se negó a devolvérselas aplicándolas a los labios como para encubrir una picarezca sonrisa.

—Es Ud. mui cruel, querida prima, esclamó Arturo, no sin consolarse a la idea de que con esas flores adornaría Berta su suelta cabellera. Pero un momento despues caian adornando el suelo esas flores, distraidamente deshojadas. ¡I con ellas la flor de la esperanza se deshojaba tambien!

La mirada aflictiva de Arturo siguió hasta el suelo a esas flores.

—Gracias, Berta, la dijo.

—Gracias ¿por qué?....

Arturo sin contestarle una palabra señalóle con el índice las desparjadas flores.

—¡Un momento de distraccion, Arturo! Discúlpeme.

¡Distraccion!.... no la hubo para entregar su alma a las nocturnas flores de la ventana i guardarlas al son de los latidos de su corazon, como quien guarda un tesoro.

Pero el corazon humano se aferra a la esperanza, como el náufrago a su tabla de salvacion.