Cuando el corazon siente el augurio de la felicidad i cuando está al abrir sus puertas al amor, su huésped querido, rebozando en dulces presentimientos tiene sus largas vijilias; i aunque el sér en cuyo seno palpita, duerma como la materia, sus golpes repetidos consiguen despertarle. ¿Qué amante desde sus balcones no ha contemplado la noche que huye detras de los montes? ¿Cuál no ha visto la guiñada luminosa del lucero como un ojo cariñoso?

Berta dormia su sueño inocente. El corazon la despertó. Dejó su blanco lecho como una nube revuelta. Un momento vagó indecisa al lado de ese lecho.

Abrió i cerró precipitadamente la portezuela de la ventana, su seno palpitaba como la onda que se ajita. ¡La ansiedad del amor embellecia a esa mujer!

Alzó por fin las flores, que ocultaban dentro de sí la prometida carta i al contemplarlas risueña, parecia la estátua con que simbolizan la primavera.

Su dedo impaciente rasgó la carta como una pleca de nácar i deslizó su ávida mirada sobre esta pájina del sentimiento:

—¡Ser amada sin saber quién es mi amante! sentir la insinuacion del amor sin saber a quién se entregará el corazon! se decia Berta, al leer i releer ajitada esta pájina del poeta.

"Mi amada Berta:

Cuanto mas agoniza la esperanza a los embates de la duda, vá muriendo mi corazon, único pero rico tesoro que te brindo.