¿Avanzaré algo con ofrecértelo? ¡Oh! ¡si tu ventana llegara a ser el lejítimo altar en que te tributara las ofrendas de mi cariño! Pero un íntimo presentimiento me dice que no encontraré tu contestacion a mi carta anterior. ¡Dios quiera que me engañe! ¡Dulces engaños, yo lo deseara siempre!
Plácido."
¡Pobre Berta! la bala del cazador no hiere al ave, como esos billetes de amor su tierno corazon. Iba a retirarse de la ventana casi aturdida, con la cabellera que parecia que el aliento del sueño habia desparpajado sobre sus sienes, cuando sintió un leve ruido.. ¿Era tal vez la briza que jugueteaba? El ruido aumentó. Tenia miedo.. Aproximó el oido a la ventana i persibió el eco vago de un suspiro.. Dió un paso atrás estremecida de espanto; quedó inmóvil, paralizada i volvió a aproximarse. Resolvió por fin entreabrir la puerta, es decir, razgar el velo..
Un hombre con el sombrero calado hasta los ojos i embozado en una larga capa permanecia con el alma suspensa i el oido atento junto a la reja de la ventana.
XX
Ambos a dos se conmovieron notablemente.
—¿Berta?.. le dijo el embozado.
Berta calló. Pero la misma mujer que habria rechazado la mas leve insinuacion amorosa de cualquier hombre, permanecia de pié, si bien trémula i vacilante, delante del desconocido, que se habia rodeado de todos los misterios del abismo.. Pero los abismos del amor, como todo abismo, producen a la vez la atraccion i el vértigo a quien los contempla de cerca.
—Berta, déjame siquiera conocer el eco de tu voz, agregó el desconocido.
Ella calló......