—Así es señora; yo me alegro en el alma.

—Así lo comprendia, porque sé cuanto cariño tienes por todos nosotros.

—¿I don Arturo la quiere mucho?

—¡Mucho!

—¿I la señorita a él?

—Tambien: yo creo que serán felices.

—Bien, mi señora, tengo el sentimiento de comunicarle que debo hacer un viaje a Trinidad.

—¿Cuando?

—Mui pronto.