En gran defals es lo mon de poetes
Per embellir los fets dels que be obren,
y al cual, en suma, consagraba uno de sus cantos, no sabemos si escrito en la corte misma del rey ó después de su vuelta de Italia?
¿Su amor á Teresa prendió en su corazón, mal guardado contra sus tiros, por creer que le sería escudo la santidad del día en que fué herido:
Amor, Amor, lo jorn que l' ignocent
Per be de tots fou posat en lo pal
Vos me ferís, car jo am guardaba mal
Pensant qu' el jorn me fora deffenent,
antes de trocar su lira de trovador por la espada de caballero, ó después que depuesta ésta tornó á descolgar de los venerados muros del paterno hogar el viejo instrumento cuyas cuerdas habían vibrado ya bajo las manos de sus progenitores? Ausías se llevó á su sepulcro, tan ignorado como lo fué su cuna, este otro secreto de la historia de sus amores.
Se ha dicho que Ausías fué amigo, en cuanto pueden serlo quienes han nacido en regio tálamo el uno y de noble alcurnia el otro, de Carlos de Viana, y que éste fué grande admirador del inspirado trovador valenciano. Que pudieron existir cordiales relaciones entre el que fué el rey de los poetas de su siglo y el que, no habiendo logrado ninguna de las dos coronas que llevó su padre y á las cuales su nacimiento le daba derecho, mereció ceñir la de cultivador de las letras ó protector de los ingenios de su tiempo, cosa es por todo extremo creible. Mas si realmente existieron, en ninguna de las obras suyas que han llegado hasta nosotros ha tenido á bien revelárnoslo. ¿En dónde y cuándo nació esa amistad, dado caso, que no negamos ni admitimos como un hecho cierto, que hubiese existido? Si en Nápoles, como por lo general se cree, deberíamos suponer un viaje de Ausías, ya anciano, á la corte de Alfonso el Magnánimo, ó á Sicilia, ó á Mallorca, y en cualquiera de esos supuestos debió ser brevísimo el tiempo que pudo gozar del trato personal y de la estimación del docto y desventurado príncipe, pues éste no pasó á aquel reino hasta 1456, y á las dos islas citadas hasta el 1458 y 1459, que era el mismo en que cerraba Ausías los ojos á la luz en su casa de Valencia.