E lo qui es de mals passionat
Per ferse trist no cerque loc secur;
Lisca mos dits mostrant pensa torbada.
Cant I.—Qui no es trist, etc.
Hase comparado Ausías March á Petrarca, y no han sido pocos los que han creido haberle juzgado con añadir al nombre del amante de Laura el epíteto de valenciano. Como es más fácil estimar las personas y las cosas por su valor relativo que por el absoluto: como es por punto general más claro y exacto todo juicio que resulta de la comparación por semejanza ó por contraste de un objeto con otros de igual índole, creemos que han de ganar nuestros lectores con que nos aventuremos á formular el juicio que hagamos acerca del que es considerado como el príncipe de nuestros trovadores, comparándole en algunos de sus aspectos con el que lo fué de los líricos italianos.
Que existen algunas semejanzas entre nuestro poeta y Petrarca es un hecho á todas luces evidente. Que se encuentran en las obras del primero pensamientos y versos que hacen que sin querer se vengan á la memoria otros parecidos del segundo, no hay quien, habiendo recorrido las páginas de uno y otro, lo ignore. Pero que el trovador valenciano, aprovechando la circunstancia casual de haberse enamorado, como el italiano, en una iglesia el Viernes Santo, haya celebrado esta circunstancia por igual manera y con palabras muy parecidas á las de éste[43]; que haya destinado nuestro poeta algunos cantos á llorar la pérdida de su amada, cual consagró aquél multitud de sonetos á la muerte de la suya; y que un observador erudito y diligente versado en la lectura de las obras de ambos ingenios pueda apuntar, como con gran diligencia lo hizo el que fué nuestro amigo, señor Amador de los Ríos, varios versos de March que pueden creerse inspirados por otros del amante de Laura, no son, á nuestro parecer, fundamentos bastantes para sobre ellos establecer la semejanza entre uno y otro ingenio, ni deducir que fué el nuestro imitador del italiano.
Cuando de los pormenores en algunos hechos, puramente fortuitos, relativos á la existencia de uno y otro poeta, y de algunas semejanzas, que pueden ser las más de las veces casuales, que se encuentran en el modo de manifestar idénticos afectos, pasamos á examinar cómo uno y otro sintieron el amor y lo expresaron en sus versos, preséntanse á la vista dos amantes, cada uno de los cuales se ha hecho de aquél un ídolo especial y con diferentes atributos, y dos poetas que lo han expresado por muy distinta manera y venerado con diverso culto.
Se ha calificado de platónico el amor puro, casto y respetuoso de Petrarca á la esposa fiel y cariñosa de Hugo de Sade. El honor de caballero y el respeto á la santidad del matrimonio por su parte, y por parte de su querida sus deberes sagrados de esposa y su dignidad altiva de mujer no le permitían tener otro. ¿Sería profanar los calificativos llamar al de Ausías amor cristiano, ó si se quiere, y hasta cierto punto, amor místico? Hé aquí cómo hablaba de él nuestro poeta:
Fantasiant amor á mi descobre
Los grans secrets qu' als pus subtils amaga,