Donchs vos, mon cor, no us senta pus clamar.

Vostres gemechs no 's poden comportar,

E vostres colps se mostren sus ma roba.

Hajau esfors, car lo pijor es mort;

Puig á Deu plau, preneuhi paciencia:

Ell es aquell qui fa de vos sentencia;

Creurer debeu que no us fa ningun tort.

Cant LXXVII.—Clamar no 's deu, etc.

Permítasenos al llegar á este punto que, dando por terminada esta parte de nuestro trabajo, pongamos fin á ella con las oportunas reflexiones y elocuentísimas palabras con que concluye el análisis de los cantos de amor el ya citado eminente literato y publicista mallorquín, señor Quadrado, que fué el primero en nuestros tiempos que se ocupó en trazar por discreta manera y superior acierto el juicio crítico de nuestro insigne poeta. «Ignoro, escribe, si al analizar una por una las fibras de aquel corazón, al recorrer los gritos que de él arrancan las más fuertes y encontradas pasiones, y que sin enlace ni comentario apenas acaban de presentarse, asaltará á los lectores la misma reflexión que me ocupa tristemente al transcribirlos. ¡Se comprende bien lo que debía ser una vida concentrada siempre y apoyada en una idea, como el anacoreta en su columna, elevada sobre la tierra sólo lo bastante para producir vértigo y aislamiento! ¡Lo que debía ser aquel vuelo del alma, cerniéndose en los aires y sostenida siempre sobre sus alas, sin nido donde guarecerse, sin otro contacto que el impalpable de la atmósfera en que vivía, sin divisar más que confusamente y á vista de pájaro los intereses y vida de los demás hombres! ¡Lo que debía ser aquel quietismo del dolor, aquella vista íntima abierta y vigilante siempre hacia dentro, cerrada á todo objeto por fuera..... aquel océano de deseos sintiendo siempre su vacío y sin esperanza de llenarlo, en el cual venían á chocarse todos los vientos con súbitas y violentas embestidas!..... ¡Se concibe lo que hubo de ser la vida é historia de aquel hombre! Y no vengan á decirnos los hombres fríos y maduros que los versos no pasan de un honesto entretenimiento, que la poesía no es más que un vestido de gala: no son, no, aquellas ideas de las que reposan con la pluma ó se evaporan fuera del aposento; ni hay en ellas únicamente más ó menos enérgicas declamaciones, imágenes más ó menos ricas; hay allí un curso completo de la ciencia del corazón, el fruto del estudio y observación de una vida entera, y áun ésta aparecerá corta para los que, en vez de detenerse como nosotros, poetas más bien que metafísicos, en apreciar las bellezas literarias y de expresión, sigan á Ausías, tras el hilo de su vasto sistema, por las profundidades del pensamiento[46]».