Por los versos que cita el señor Ferrer de las varias composiciones religiosas de Narciso Vinyoles, se nos figura que debió ocupar este poeta uno de los primeros puestos entre los de su siglo que cultivaron ese género, al par que por su fecundidad, por el mérito de sus obras. Mas no habiendo podido disfrutar de la lectura de la inestimable joya bibliográfica de Les obres y les troves, que fué el primer fruto que, según la opinión más generalmente seguida, dió el invento de Gutenberg, al tomar carta de naturaleza en España, nos hemos de referir al juicio que de ellas han hecho los que han sido en esto más afortunados que nosotros, y sobre todo al que hace dicho señor Ferrer y Bigné en su curiosa Reseña tantas veces mencionada.

Aunque reconocemos y confesamos con el señor Milá que la poesía religiosa no se elevó en nuestra literatura al ideal del género, ¿no podríamos gloriarnos, dada la bondad de alguna de las composiciones antes citadas de Corella y de Romeu Llull, de las obras que acabamos de indicar, de muchas otras de igual índole de un gran número de poetas valencianos y catalanes, que dejamos de mencionar por no pecar de difusos; y sobre todo, tomando en cuenta el sobresaliente mérito del canto espiritual de Ausías March, no podríamos gloriarnos, repetiremos, que nuestra poesía sagrada, si no está por cima, compite por lo menos en abundancia y en precio con la de igual género de la literatura castellana?

Más que la poesía religiosa sirven, no obstante, para caracterizar y dar especial sello á la escuela poética catalana de la segunda mitad del siglo XV las composiciones satíricas, ó por mejor decir, las que, inspirándose en asuntos baladíes, y que no son ni podrán ser jamás fuentes de elevada inspiración, verdaderos juegos de concepto, no menos que los de palabra desprovistos de valor estético, tienden naturalmente y casi diríamos por necesidad á la sátira, como elemento que contribuye á darle el interés y la importancia de que por sí mismas carecen. Por la mucha que, sobre todo en Valencia, se dió á ese linaje de composiciones, fué principalmente por lo que calificamos de período de decadencia el que estamos reseñando.

Los poetas ya citados, á los cuales debemos añadir Jaime Gazull, Mossen Johan Vidal, Moreno, Verdanja, Vilaespinosa y el más renombrado de todos, Jaime Roig, son los principales cultivadores de dicho género. La mayor parte de las veces toman sus composiciones la forma de coloquio ó cuestión, y en este caso recuerdan las tenzos ó jochs partits de la poesía provenzal, indicio y nueva prueba de que estaba todavía vivo, siquiera en la memoria de los poetas, el recuerdo de aquella poesía. De este número son la Questió sobre el Beure, Grat, Entendre et Voluntat, moguda per Mossen Fenollar, prebere, á Mossen Johan Vidal, prebere, á en Verdanja é á en Vilaespinosa, notaris, la qual questió es disputada per tots per Miguel Stela, que puede leerse en el ya citado fragmento publicado por el señor Briz del Jardinet d'orats; otra obra de autor no conocido, que se halla en la parte no dada á luz de aquel códice, que tiene por título: Colloqui ó rahonament fet entre dues dames, la una dama casada y l'altra de condició beata, al qual colloqui se aplica un altra dama vidua, etc., escrita contra las mujeres; y el Procés de les olives é disputa dels joves é dels vells, en el cual entran como interlocutores los ya citados Moreno y Gazull, los cuales toman la defensa de los viejos, y Fenollar, que se constituye en patrono de los jóvenes, composición esta última de carácter marcadamente satírico.

Forman, en fin, un grupo aparte, por todo extremo importante por la mayor fama de que gozan sus obras, sobre todo la última de ellas, la titulada: La brama dels llauradors del orta de Valencia, Lo somni de Johan, ambas del mencionado Jaime Gazull, y Lo llibre de les dones ó dels concells de Jaime Roig. La primera de dichas obras tiene importancia bajo el punto de vista filológico, en cuanto se refiere á la viciosa manera de hablar de los labradores, con palabras algún tanto equívocas. Considérase la segunda con razón como una continuación ó complemento del Procés de les olives, después del cual se encuentra por lo común impreso, y es también, al igual que éste, una especie de proceso donde las mujeres, blanco de las burlas del poeta, descontentas de la preferencia dada en el Proceso á los viejos sobre los jóvenes, nombran por abogado y procurador á los poetas de aquel tiempo Micer Artés y Despí, y por juez á la diosa Venus. Está escrita igualmente en la forma llamada codolada[50], ó sean versos de nueve sílabas con piés quebrados de cinco, que es la comunmente usada en las composiciones de aquel género, como puede verse en la siguiente muestra sacada de dicha obra:

Puig sabeu quant es cosa certa

Elles ab elles

Y mes si son totes femelles,

Tantost hi son

Volen parlar de tot lo mon: