y el rincón más angosto es suficiente
para encerrar, al cabo, nuestras dichas.
La ingratitud el corazón taladra,
robándonos la paz y la alegría,
y el secreto pesar en él engendra.
La zozobra, con máscaras distintas,
se disfraza, y sin tregua nos persigue,
casa o corte, mujer, hijos, familia,
agua, fuego, puñal o bebedizo.
Y así el mortal, en ansiedad continua,