la momentánea dicha traidora nos robó.
No escucharéis gozosos mi renaciente canto,
vosotros para quienes la cítara pulsé;
deshízose ¡ay! el coro que comprendió su encanto,
apenas apagándose el eco débil fue.
Hoy mis acentos oye tropel desconocido,
y hasta su mismo aplauso me hiela el corazón;
los pocos que a mi canto prestaran el oído,
si alientan, lejos viven en triste dispersión.
Al reino de los puros espíritus me impulsa