obran y crean con divina mano.

Lo que allí el labio trémulo murmura,

lo que allí sueña el alma delirante,

tal vez sublimidad, tal vez locura,

lampo es quizás, que se apagó al instante.

Pero a veces también duerme el profundo

sueño, siglos y siglos, del olvido,

y aparece después y asombra al mundo

del esplendor de la beldad ceñido.

Lo brillante, que viste oropel vano,