quedan tierra, mar y cielo.
Y la maldecida y ruin
semilla, que origen diera
al hombre, al ave y la fiera,
no tiene tampoco fin.
¡A cuántos abrí la fosa!
Pero siempre, a pesar mío,
brota y fluye en ancho río
sangre nueva y vigorosa.
¡Todo mi desdicha fragua!